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La lectura poética.

Estas consideraciones generales son válidas obviamente para todo tipo de lectura, trátese de narraciones o de poemas. (En lo relativo a personajes y diálogos, está claro que la presencia de estos no es tan frecuente en la poesía como en los cuentos.) Pero conviene hacer algunas observaciones particulares sobre la lectura poética.


Ideas, temas.

Si uno lo cree necesario, puede preparar la lectura con ciertos comentarios iniciales que le den al niño la información necesaria o una pista sobre lo que va a leer o escuchar.  Y una vez hecho esto, puede hablarse brevemente de otras cosas, antes de pasar al poema, para disimular la maniobra didáctica. En otros casos quizás no haya que darles un dato que no conozcan, sino llamarles la atención sobre algo para que lo tengan presente, a través de preguntas u observaciones del tipo: "¿Se han fijado en que...?" En todo caso, se tratará de una preparación mínima, estricta, no de una larga y tediosa explicación que mate las ganas de oír cualquier otra cosa.

Formas.

Como hemos visto ya, la poesía más atractiva y apropiada para los niños, en cuanto a forma, es la poesía métrica y rimada, cuyos juegos sonoros los seducen más fácilmente y contribuyen a formarles el oído. Una lectura en voz alta para niños de hasta 10 u 11 años emplearía sólo dichas formas. Lo que no significa que tendrían que ser estructuras de metro y rima rígidamente regulares; por el contrario, pueden ser muy flexibles, muy irregulares, pero siempre en torno a determinados metros y rimas. A partir de esas edades se puede ir probando con versos sin rima, versos libres, y poemas en prosa, sin abandonar la poesía métrica y rimada.

Variedad.

Conviene buscar una variedad en la lectura: poemas diferentes en cuanto a tema, tono, forma y actitud expresiva. En cuanto al tono, una lectura balanceada alternaría, por ejemplo, poemas "serios" (reflexivos, melancólicos, tiernos, etc.) con poemas festivos y humorísticos. En cuanto a forma, tratándose casi siempre de poemas métricos y rimados, se buscaría una variedad de metros y combinaciones métricas diferentes. Y respecto a  la actitud expresiva, podrían combinarse poemas muy líricos (emotivos, sensitivos) con poemas narrativos, e incluso con poemas reflexivos. (Siempre de acuerdo con la edad, teniendo en cuenta que los textos reflexivos suelen implicar el pensamiento abstracto, y este funciona en la medida en que el niño tiene mayor edad y desarrollo.)

Leer o decir bien la poesía.

Las observaciones ya hechas sobre los defectos extremos de la lectura plana y la lectura superexpresiva, son tan válidas en el caso de la narración como en el caso de la poesía. Antiguamente la recitación de poemas se entendía como declamación. Recitar un poema era declamar el poema, y eso significaba, en mayor o menor medida, "actuar" el poema, teatralizar el poema. Más exactamente, sobreactuar el poema. Quien lo hacía no era casi nunca un actor, una actriz, pero procedía como tal, y trataba de impresionar al público con grandes excesos en el empleo de la voz y la gestualidad. Como es fácil comprender, abundaba la cursilería, la ridiculez, hasta lo grotesco. Era generalmente de un gusto pésimo. Ese gusto se trasmitía a los niños, que hacían (y hacen) gala de él cuando recitan en los actos escolares y cívicos. Los niños, con menos recursos actorales, en esas ocasiones emplean casi siempre las mismas entonaciones y gestos.

Hoy día no se trata de declamar. Hoy día los poemas se dicen, y con esa palabra se le promete al público discreción, mesura, buen gusto. Luego se dicen bien o se dicen mal, pero al menos no se hace teatro malo a costa de la poesía.

Los poemas pueden decirse de memoria, o leerse. (Los que se dicen de memoria son casi siempre poemas métricos y rimados, que son más fáciles de memorizar que los poemas en prosa o verso libre.) En cualquier caso, lo primero a tener en cuenta es que a uno le gusten los poemas que va a decir o leer. Luego, es necesario familiarizarse con cada uno de ellos para determinar el tono que corresponde, el ritmo de la lectura, las pausas.  Las pausas en el caso de la poesía no tienen que ver con la creación de expectativas o suspenso, como en las narraciones, sino con sutilezas de la emoción o la reflexión, y del ritmo. Debe quedar clara la terminación de cada verso, y con ello la rima, para que no se pierda lo más destacado de la sonoridad.

No es posible dar una receta absoluta sobre cuestiones tan variables, tan específicas, y tan concernientes a la sensibilidad y afinación de cada cual. Lo más útil es la experiencia en un taller especializado, donde el entrenamiento y la discusión en colectivo harán sentir a cada uno lo que es necesario sentir y disfrutar personalmente para incorporarlo. A partir de aquí, sólo la práctica desarrollará la sensibilidad de cada persona ante la poesía y la lectura poética.

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