El adulto que no pueda leer bien para un niño, porque no lee bien para sí mismo, se encuentra en extremo limitado. Esa dificultad significa que su propia relación con la lectura es nula o muy pobre, y generalmente se traduce en que no entiende bien lo que lee. Pero, si no es este el caso, puede ser que lea bien para sí mismo y no haya desarrollado la lectura eficaz en voz alta. En ese caso puede prepararse, y un taller especializado sería de la mayor utilidad, porque este no es un tema meramente teórico, sino que requiere entrenamiento y discusión en colectivo.
No obstante es posible trazar algunas líneas muy generales que deberán tenerse en cuenta para leerles en voz alta a los niños. Por ejemplo:
1.- Escoger siempre obras que a uno le gusten
2.- Leerlas con anterioridad para uno mismo, las veces que sea necesario, hasta familiarizarnos con el texto.
3.- En esas lecturas previas, establecer el uso de la voz que uno crea mejor según el texto. Es decir modular, de acuerdo con las intenciones que uno vea en cada pasaje. Esto significa subir o bajar la voz si hace falta (desde el grito al susurro), y entonar (dar los tonos que requiera el texto: ligeros, alegres, tristes, graves, solemnes, preocupados, asombrados, insinuantes, desconfiados, burlones, amenazantes, atemorizados, irritados, etc., etc.). Además, aunque uno no haga un trabajo especial de voz, debe establecer alguna diferencia de tono entre los personajes, por lo menos entre los más importantes o contrastados. (El ogro, o la bruja, o el gigante, no deben sonar igual que la abuelita, el niño o la princesa.)
4.- Establecer los momentos de pausa o demora que uno crea convenientes, en la lectura, para crear expectativa, suspenso.
5.- Leer mirando más a los niños que al libro (esto es fácil si uno es buen lector y se familiariza con el texto). Cuidar que el libro no nos tape el rostro.
6.- Por último, al terminar la lectura, dejar unos segundos en silencio y quietud para que el texto quede vibrando en el aire. De ningún modo se les hará preguntas a los niños sobre lo que acaban de oir. Pero si hacen espontáneamente algún comentario o pregunta, uno responderá en consecuencia.
A esta pauta mínima e indispensable podemos añadir otros recursos. Como se verá, el empleo de algunos de ellos dependería de las condiciones personales y gustos del lector:
Si uno quiere, si tiene facilidades vocales, y si se trata de una narración con pocos personajes, puede identificar a cada uno con una voz distinta: grave, aguda, ronca, nasal, frágil, potente, etc.
- Si uno quiere también, si tiene facilidades para la expresión gestual y corporal, puede incorporar a la lectura un mayor o menor despliegue de gestos y expresiones faciales acordes con el texto y los personajes.
- En el caso de los niños más chicos es de gran ayuda emplear objetos atractivos (láminas, muñecos, juguetes, títeres), siempre que se relacionen estrechamente con el texto, subordinados al mismo como una referencia para aumentar su seducción, y no como sustitutos, como motivos independientes de interés. En todo caso deben ser muy pocos, para no desviar del texto la atención de los niños.
- Tratándose de niños mayorcitos puede ambientarse el lugar, si es de noche, empleando sólo una vela como iluminación, para crear un clima sugestivo. Si uno es muy bueno empleando la voz, no es necesario ni siquiera que le vean bien la cara.
- En la vida familiar de los niños hay dos momentos que podrían considerarse especialmente buenos para establecer el hábito de leerles: la sobremesa, y la hora de dormir. El primero fortalece los vínculos familiares, y el segundo prepara el futuro hábito de leer solo antes de dormir, en la intimidad de la habitación y la lámpara de noche, lo cual puede llegar a ser uno de los mayores placeres en la vida del niño y el joven.
Hay dos extremos que deben evitarse absolutamente: uno de ellos es la lectura "plana", es decir pobre en interpretación y expresión; el otro es la lectura superexpresiva o sobreactuada (más que lectura, una farsa auditiva y visual que puede llegar a ser grotesca o ridícula). En el primer caso, el resultado será un fatal aburrimiento. En el segundo, se ocultará a los niños que lo importante está en el texto, haciéndoles creer que está en la persona más o menos exagerada que lo lea.
Otra cosa que debe evitarse es interrumpir la lectura para llamarle la atención a un niño. Si algún niño se distrae, se puede fijar la vista en él y darle algún énfasis a la voz, en la misma lectura, como dirigiéndola especialmente a él en ese momento. Salvo si ocurre algo grave o demasiado perturbador, la lectura no debe interrumpirse en ningún caso.
En cuanto a las condiciones necesarias para leer ante un grupo, la primera, como ya se apuntó, es que no haya grandes diferencias de edad entre los niños. Otra condición es que el grupo no sea tan numeroso ni esté distribuído de tal modo que no podamos verlos a todos con sólo alzar la vista del libro. El contacto visual es indispensable, sobre todo con niños poco acostumbrados aún a escuchar. Otras condiciones, cuya importancia es obvia pero a veces nos faltan, es el silencio y la tranquilidad que deben rodear al lugar en el momento de la lectura, así como la comodidad física que deben tener los niños (condiciones de espacio, asiento, temperatura ambiente). Es igualmente obvio que uno debe cuidar que el volumen de la voz esté de acuerdo con el tamaño del lugar y el número de oyentes.
Hemos subrayado que en un grupo de niños no debe haber grandes diferencias de edad. Eso dificulta las cosas. Pero si no pudiera evitarse esas diferencias, hay que proceder con mucho tacto en el empleo de los textos, buscando que los propios niños vayan definiendo lo que les gusta, y que de ese modo la lectura pueda ser atractiva a todos o a la mayoría. Hay que tener previstos los materiales que puedan abarcar un amplio espectro de intereses. Ciertos cuentos pueden atrapar a niños de 5 ó 6 años, y a niños de 9 ó 10. Depende también del desarrollo de unos niños y otros, no sólo de sus respectivas edades. Y ciertos poemas muy lúdicros y humorísticos podrían abarcar un espectro de edades aun mayor.
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