Conceptos
básicos
Dentro
de todo lo que puede hacerse a nivel personal e institucional
para fomentar el hábito de leer, resulta especialmente
importante el concepto de animación
a la lectura , que abarca todo aquello que
constituya un medio concreto y directo para inducir,
estimular y orientar el deseo y el gusto de leer.
Caben aquí, como recursos, las lecturas en
voz alta, charlas, comentarios, debates, juegos, concursos,
competencias... todo cuanto incline a leer, y a leer
con gusto, es decir, bajo el signo de la espontaneidad.
Puede haber algún interés ajeno a la
lectura misma (ganar en un juego, una competencia,
un concurso), pero de cualquier modo será una
lectura voluntaria.
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Por
otra parte, todo recurso de animación a la lectura deberá tener como "plato fuerte" la lectura misma, el contacto directo con un texto, y a partir de este cualquier otra actividad deberá resultar justificada y realizar una función complementaria y enriquecedora, excluyendo así la arbitrariedad en las tareas y el predominio de cualquiera de ellas sobre la que más nos importa. (Véase La lectura eficaz).
Estamos hablando de lectura literaria ,
que es la que forma el gusto estético y desarrolla
de la manera más integral los distintos aspectos
de la sensibilidad y la inteligencia. Y nos referimos
especialmente a poesía y narraciones (que son, por suerte, las lecturas a que
tienden espontáneamente los niños desde
un principio.) No quiere esto decir que la lectura
deba limitarse a la literatura artística, pues
también son valiosos los textos informativos
y didácticos que, de hecho, el niño
tendrá que enfrentar en su proceso escolar
y luego quizás en su vida profesional. Lecturas
didácticas acerca de la naturaleza, por ejemplo,
pueden ser muy estimulantes y contribuir no sólo
al conocimiento sino también a la formación
de una sensibilidad que es desde luego humanística.
Pero la literatura artística, y en especial
la poesía y la ficción narrativa, es
la que incide en forma más abarcadora y profunda
en la formación integral de la persona en términos
de emocionalidad, sensorialidad y pensamiento. Y es
esta formación integral, precisamente, la que
tiende a verse relegada en el mundo moderno, marcado
por una prisa y una competitividad que privilegian
fuertemente las lecturas de sentido pragmático,
utilitario. Por último, estamos hablando de animar la lectura
tanto en grupos (cursos escolares, por ejemplo, o
pequeños grupos selectivos) como en un
niño o niña, que puede ser nuestro hijo,
nuestra hija. Ahora
bien, cualquier cosa que se quiera hacer, exigirá
de uno ciertas nociones y habilidades imprescindibles,
en relación con tres temas esenciales:
1. La
literatura
2. Los
niños y sus necesidades según la edad
y desarrollo que tengan.
3. La
manera eficaz de leerles.
Para
adquirir dichas nociones y habilidades no basta consultar
textos de teoría o de información sobre
historia de la literatura infantil y juvenil. Tampoco
basta agenciarse un repertorio de "herramientas" o
"dinámicas" de animación a la lectura.
No se trata sólo de saber qué se puede
hacer y de qué modo, sino también de
ser capaz de escoger con criterio propio los textos
adecuados en cada caso. Para ello es necesario un
proceso de formación y entrenamiento que combine
adecuadamente la teoría y la práctica.
Ese proceso sería el cometido de un curso o
taller especializado y orientado a lo fundamental,
y ello implica ejercitación, análisis
y discusiones en colectivo dirigidos por un especialista.
Lo que dicho proceso persigue no es tanto informar,
aumentar el caudal de los conocimientos teóricos,
como afinar la sensibilidad, agudizar eso que llaman
"olfato" para percibir qué es realmente bueno
en cada caso. |