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La invención de Hugo Cabret
Autor: Brian Selznick
Hace poco que la casa editorial SM editó y trajo a Chile un libro original y fascinante, que no deja de llamar la atención por varios motivos: primero, es un libro bello, de factura muy lujosa. Tiene tapadura, un papel de gran calidad, y cada una de sus páginas tiene un marco negro que le da un efecto antiguo y misterioso. En segundo lugar, es el primer ejemplar de un género híbrido totalmente nuevo, una mezcla entre novela y libro-albúm, una novela gráfica de particular estilo. El texto narrativo alterna con ilustraciones en blanco y negro que ocupan cada una el especio de la doble-página. En una novela juvenil convencional, las ilustraciones dan cuenta con otro lenguaje de la atmósfera del texto, crean cierta respiración en el libro, pero se pueden quitar sin perjudicar lo narrado. En “La invención de Hugo Cabret”, las ilustraciones (mudas, sin ningún texto) son parte esencial de la narración, de la acción. Es por una secuencia de 21 imágenes que entramos en la historia de Hugo, un huérfano de 12 años que vive solo en una estación de trenes en el París de 1931.
Gracias a un efecto de zoom, seguimos a Hugo en su ambiente ferroviario, y junto a él, observamos a un viejo juguetero en su tienda. Es solo en ese momento que el narrador textual toma la palabra para darnos cuenta de las intenciones de Hugo y contarnos de a poco acerca de su vida de relojero y aprendiz ladrón. Su padre, encuentra en un rincón del sótano del museo en que trabaja un autómata empolvado cuyos complejos mecanismos parecen permitir al objeto escribir. Hugo lo anima a arreglarlo, pero su labor no se llevará a cabo porque el padre fallece en un incendio del museo. Tras haber rescatado el autómata de las cenizas, el principal objetivo de Hugo será arreglarlo, pues tiene la convicción de que su padre dictó al autómata un mensaje personal. No le queda otra que robar piezas y artilugios mecánicos a su vecino, el taciturno juguetero, hasta que lo descubran con las manos en la masa. ¿A pesar de ello, Hugo podrá hacer funcionar el preciado autómata?
¿Será el único misterio que tendrá que resolver?
Las 283 ilustraciones del autor dan movimiento al relato, lo que permite un indudable efecto cinematográfico. Brian Selznick, estadounidense de 44 años, reconoce su inspiración directa en varias películas francesas , como en las de René Clair o de François Truffault. Además, esta novela es un homenaje a la vida y a la obra de Georges Meliès, uno de los primeros cineastas de todos los tiempos, innovador y multifacético.
Sin duda, este libro fascinará a adultos y jóvenes, quienes lo leerán de un solo aliento. Suspenso, personajes enigmáticos, peligros, verdad histórica mezclada con ficción, imágenes suntuosas, esta novela es una joya imperdible.
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